Los Palmeros y Las Aguadoras

Por Lamberto Hernández Méndez

URUAPAN, Michoacán, abril de 2022.- Hace unos cinco lustros, de nueva cuenta Las Aguadoras, lucieron con orgullo, su vestimenta tradicional; los rollos, delantales, huaraches, guanengos bordados y coloridos listones en su pelo. Adornaron sus cántaros de barro, con una red, donde cuelgan frutas, artesanías en miniatura, dulces, botellitas de charanda y flores, y lo cargan al hombro o en la cabeza, sobre un uancipo, listos, para llenarlos de agua en el Río Cupatitzio. Se trata de un ritual, del que daremos detalles más adelante.

Como decíamos, este ritual se reinició de nuevo en Uruapan, por parte de los barrios tradicionales, este rescate inició en casa del señor Benjamín Apan Rojas, solo que el primer año, el recorrido fue al revés de como se hace tradicionalmente. Aquí les diremos por qué.

Y es que hace unos 25 años, el recorrido de Las Aguadoras, inició en el centro de la ciudad, después de misa en el templo de La Inmaculada, con agua bendecida, inició la procesión por la calle Independencia, luego calzada Fray Juan de San Miguel, para concluir en el manantial de la Rodilla del Diablo, donde inicia el Río Cupatitzio.

Allí, vertieron el agua bendita, con la finalidad de que ya no se seque, tal y como ocurrió en una ocasión, según cuenta la leyenda; que nunca falte el agua, que siga brotando. Es lo que le da vida a Uruapan; al término del ritual, una comida y música de banda en el cenador El Characo, dentro del Parque Nacional

Después de algunos años, el ritual inició en el monumento a Fray Juan de San Miguel, donde se concentran los barrios con sus grupos, el recorrido hacia el centro de la ciudad, tras haber tomado el agua en los manantiales del Parque Nacional, y asistir a misa al templo de La Inmaculada, luego a La Uatápera, bailando al son de la banda de viento; posteriormente Las Aguadoras, se regresan a sus respectivos barrios a compartir el agua bendita, con familiares, amigos y vecinos, según lo describe Jesús Montelongo, del barrio de Santo Santiago.

Seguramente, el domingo 17 de abril, previo al desfile de Las Aguadoras,
de los barrios fundacionales de Uruapan, llenarán sus cántaros con agua del manantial de la Rodilla del Diablo, tras agradecer a los cuatro elementos, aire, agua, fuego y tierra; entren el humo del copal y el sonido del caracol, agradecen que el agua que da vida a la región y siga brotando aquí, donde nace el río Cupatitzio.

Existe un verso publicado en el libro, “Un paseo por el Parque Nacional”, de Sergio Ramos Chávez, del cual extraemos un fragmento: “Fray Juan lo conjuró/ y lo mandó a la sepultura/ en estas rocas/ donde el demonio habitaba/ vivió trescientos años/ y la renta no pagaba/ aquí, grabó su rodilla/ más abajo un cascabel/ como era un diablo malvado/ lo arrojó San Miguel. Brotaron los manantiales/ como unas telas bonitas/ aquí se bañan las altas/ y también las chaparritas”. Esto, en relación a la leyenda de la Rodilla del Diablo.

Con sus cántaros adornados, salen desde el jardín donde se ubica el monumento a Fray Juan de San Miguel, llevando consigo el agua, van los contingentes de los barrios tradicionales, de San Juan Evangelista, San Pedro, La Magdalena, San Miguel, La Trinidad o El Vergel, San Francisco, San Juan Bautista, Santo Santiago y San José.

Cada barrio participa con un contingente de entre 20 o 30 aguadoras, que visten sus atuendos tradicionales, el rollo plizado de Angahuan, naguas blancas, delantal bordado en Cheranatzicurín, guanengo bordado a base de punto de cruz de Zacán, largas trenzas adornadas con multicolores listones y claro, los huaraches de Sahuayo; el rebozo de patakua de Paracho o Ahuiran, ya sea en forma de uancipo para el cántaro de barro de Patamban, trenzado, cruzado o al hombro.

Debidamente ordenadas por contingentes, representadas por la Ireri del barrio y al ritmo de los abajeños o sonecitos de las bandas de música, provenientes principalmente de la Meseta Purhépecha, recorren el tramo desde el Parque Nacional, al centro de la ciudad; asisten a una misa donde es bendecida el agua, luego acuden al Museo de los Cuatro Pueblos Indios, La Uatápera y de ahí, parten a sus respectivos barrios a repartir el agua. Esa es la tradición.

LOS PALMEROS

Pero una semana antes del Domingo de Ramos, será el desfile de Los Palmeros, un ritual que también se revivió hace unos 20 años, a iniciativa del Padre Abelardo Desiderio.

Cuenta Mariane Storn, en su libro Enjoy Uruapan, o “Disfrutando Uruapan”, que, varios jóvenes, venían de San Lorenzo, Pomacuarán, Quinceo y Arantepakua, pasaban por Uruapan, en donde se quedaban a dormir la noche del sábado, en el atrio de algunas capillas, donde hacían una fogata y calentaban el vastimento.

En la madrugada del domingo, salen camino a al cerro de La Aguja, allá por Charapendo, en la Tierra Caliente, a cortar hojas de palma real, que se usará el Domingo de Ramos, para las ceremonias religiosas.

Son cuadrillas de comunidades, como San Lorenzo y de barrios de Uruapan que el domingo, ocho días antes del Domingo de Ramos, regresan pasado el mediodía, los reciben en las calles con música, confeti, comida y una misa de acción de gracias.

Las chicotas, látigos o cuartas, las hacen sonar las personas en las calles, es el anuncio de que Los Palmeros van entrando al barrio de La Magdalena y hay que recibirlos con júbilo; tejen la palma y la colocan en la cruz atrial de la capilla; adornan con otates y flores de camelina, clavellina o espuelita morada.

José Durán Ambriz, del barrio La Magdalena, comenta que, casi al medio día el domingo, era todo un acontecimiento para los que en ese tiempo éramos unos niños, el tronido de las “cuartas” o chicotas, eran el anuncio de la entrada de Los Palmeros. Adelante del grupo, venían precisamente los chicoteros, atrás, la música y enseguida los jóvenes y adultos, quienes bailaban al ritmo de la música y con alegría, recorrían la calle de la Gran Parada, para doblar por la calle de Acapulco.

Hacían alto total enfrente del atrio de la capilla de la Magdalena, justo donde se encuentra la centenaria cruz, buscaban un lugar para sentarse y empezar a tejer una palma, la que una vez terminada, colocaban en la base y brazos de la cruz.

Cabe decir que, ya para ese entonces, con algunos vecinos y parte de la palomilla, nos habíamos dispuesto a ir a buscar camelina, o cualquier flor, que pudiera servir a Los Palmeros, para adornar las medias lunas, con las que habían cortado la palma, así como unos otates que embellecían los palmeros con alguna palma tejida. El sonido de las chicotas seguía anunciando el arribo de los palmeros, quienes continuaban con su labor de adornar la cruz atrial, mientras, la música seguía tocando sones y abajeños.

En un momento, se empezaban a juntar nuevamente y el grupo emprendía el camino hacia el centro histórico de Uruapan, al paso de los palmeros por las calles, repartían entre la gente que salía de sus casas, alguna palma tejida, hacían una pequeña parada en la Uatápera y, a la altura de la calle Juan Delgado, los esperaba un viejo camión, de los rabones, en donde se subían para trasladarse a San Lorenzo, de donde habían venido a cumplir con este ritual, señala Durán Ambriz, en su narrativa que le solicité.

Bien, todo esto, dentro del contexto del Tianguis Artesanal de Domingo de Ramos en Uruapan, que contempla 4 desfiles, de Los Palmeros, los Artesanos, de Las Aguadoras y la K’uínchekua o de las comunidades participantes en el tianguis, con sus usos y costumbres.

Este 2022, el Tianguis Artesanal tendrá lugar del 9 al 24 de abril, acuden unos mil 500 artesanos, que expondrán más de un millón de piezas artesanales diversas, elaboradas con sus manos mágicas, en barro, madera, cobre, textil, fibras vegetales y otros elementos; se dan cita de Zacán, Nuevo Parangaricutiro, Santa Clara del Cobre, Jarácuaro, Ihuatzio, Cocucho, Angahuan, Pichátaro, San Felipe de los Herreros, Patamban, Capula, Tzintzuntzan, Ocumicho, Aranza, Ahuiran, La Granada, Peribán, y de la Cañada de los Once Pueblos, entre otros muchos.

El alcalde Nacho Campos Equihua, informó de tres conciertos, Lila Downs, Rocío Vega y Tumbiecha; tres concursos, de artesanías, indumentaria tradicional de danzas y ceremonias de Michoacán; exposición y venta de comida tradicional, eventos cultuales diversos; participación de los barrios tradicionales, las comunidades indígenas y del Consejo de la Crónica. (Lamberto Hernández Méndez. Fotos de Rosendo Maldonado. +Lalo 8a. FB).