AVANCEMOS CON LA SONDA EN LA MANO

AVANCEMOS CON LA SONDA EN LA MANO

Por: Arturo Alejandro Bribiesca Gil

Abrazo por su cumpleaños

a mi amigo Andrés Peña.

El pasado 3 de abril se cumplió el primer centenario del natalicio de Don Jesús Reyes Heroles (Veracruz,1921), quien es para mí el Político -sí, con P mayúscula- con más bagaje intelectual, o el intelectual con mayores tablas y trayectoria política, como lo quieran ver, del México del siglo 20, y a la fecha me atrevería a decir.

Así como hay personas fascinadas con figuras del México posrevolucionario como Cárdenas, J. Múgica, López Mateos, Carlos Madrazo, por mencionar algunas; yo crecí admirando a Reyes Heroles, a quien considero el arquetipo del político: idealista, pragmático, eficaz, culto, honesto, austero y valiente, entre otras cualidades que yo le endilgo a Don Jesús.  Murió cuando yo tendría unos 5 años de edad, así que mi acercamiento a él fue póstumo y principalmente por su obra escrita, la cual no pierde vigencia; hasta el más breve de sus discursos o textos es una joya.  

De esos discursos y escritos, muchos aforismos y máximas se han extraído para delicia de quienes nos gusta abrevar de la política contemporánea, como fuente de constante aprendizaje teórico y práctico. Aquí les dejo algunas pinceladas intelectuales para que ustedes mismo comprueben o refuten mi dicho:

La política es técnica de aproximación, no ciencia exacta.

La política es el arte de lo posible.

En política la línea recta casi nunca es la más cercana entre dos puntos.

El político debe estar conducido por la lealtad a las ideas que profesa, a las instituciones en que cree, a los hombres que en él confían.

Se puede ser político sin dominar todos los apetitos; pero no se debe ser político sin dominar, vencer, el apetito de la riqueza.

No creo en los que dicen no tener ambiciones.

Entre la corrupción de ayer, tosca y gruesa si se quiere, y la sutil corrupción de nuestros días, sólo podemos seguir un camino: condenar la vieja corrupción y condenar la nueva corrupción.

El auténtico trabajo político es de equipo y el equipo se integra por capacidades o por representatividad.

Los que se precipiten, se enfrentarán en la lucha solitaria, los que se retrasen estarán fuera de la contienda.

Los ingenuos no son los que tienen ideales, sino los que incursionan en la política careciendo de ellos.

No pueden vencer aquellos incapaces de convencer.

La espiral es la imagen del progreso y no la línea recta.

Porque coincidimos en lo principal podemos discutir lo accesorio.

No creamos en los profetas, salvo cuando, como se ha dicho, sean retrospectivos.

La austeridad en la función pública es la única manera de que el hombre se realice en la dignidad y la libertad.

No todo lo nuevo es bueno ni todo lo viejo es malo.

La teoría sin práctica, puede llevar a la esterilidad; pero la práctica absoluta, sin teoría, puede llevar a la barbarie.

Confíen en el pueblo, escúchenlo y síganlo, y nunca olviden que en una revolución lo importante es no interrumpir el paso y que este sea firme: su ritmo, su rapidez o lentitud depende de las circunstancias.

Los hombres de negocios y los políticos ni deben confundirse ni, menos, caer en la doble función.

Avancemos con la sonda en la mano.

Lo anterior es solo la punta del iceberg Reyes Heroliano de sabiduría política que nos fue legado. Como colofón les dejo su breve texto sobre las 3 ces que deben tener las y los políticos:

Para ejercer con vocación y acertadamente la actividad política se requieren las tres ces: corazón, cabeza y carácter.

Corazón: para entender intereses superiores a los egoístamente individuales; cabeza, para obrar con frialdad, saber eludir muchas asechanzas, saber eludir trampas; y carácter, porque hay gentes con mucha cabeza y con mucho corazón, pero que no tienen carácter, y el carácter en política es muy importante: tener carácter para saber que lo pueden insultar a uno, que lo pueden calumniar a uno, y nunca perder la cabeza.

Corazón para sentir los problemas colectivos como si fueran propios, para convertirlos en metas vitales; cabeza para, con frialdad y serenidad, eludir obstáculos y vencer resistencias, calcular riesgos, sobre todos los riesgos de la colectividad en la que se influye; y carácter para no intimidarse ante las incomprensiones, los ataques y las maniobras, para no asustarse ante los problemas y, menos, ante las soluciones exigidas por los mismos problemas.

Sin emplear la cabeza muchas cosas se pueden hacer, pero no política. Tengan el corazón ardiente, pero no tengan la cabeza caliente. El panteón político está lleno de cabezas calientes.

En fin, los invito a conocer más del personaje, su vida y su obra.

Otrosí: Mis mejores deseos a mi amigo Raúl Tapia, en este prometedor proyecto: https://tuinformativo.com.mx/El mayor de los éxitos.

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