Arrastrados por las redes

ARENA SUELTA

Tayde González Arias

  La desinformación en la que vivimos es cada vez mayor, aunque se pudieran cambiar las cosas, y pudiéramos ser las personas más cultas, la mayoría de las veces se opta por ver, observar o hasta analizar contenido basura o sin sustancia, pues sólo de esa manera podemos comprender cómo es que personas sin el más mínimo de conciencia social, o con un lenguaje vulgar se vuelve influyente en redes sociales o vividor de su contenido.

En México y en muchas partes del mundo no es popular el qué tiene un conocimiento de la vida o de la ciencia, sino que nos encontramos rodeados de personajes que, por su lenguaje, por decirlo de alguna manera “florido”, o por realizar alguna tontería se hacen famosos, y no sólo los llegan a seguir, sino que hasta crean clubs de fans e incluso les llegan a pagar para que sigan creciendo o manteniéndose vigentes en sus redes.

Desde que la burla se hizo negocio, la gente comenzó a seguir a quien, incluso sufriendo de demencia o de alguna atrofia mental, actúa sin saber que está siendo la burla de una sociedad que en búsqueda de distracciones se ha dejado enfermar por la deshumanización que afecta al mundo y lejos de guiar y alejar de la burla social a sus congéneres, antes prefieren monetizar contenido que poco o nulo valor cívico.

Puede ser que tenga algo de bueno conocer el mundo a través de los ojos de otros, y aprender lo que se nos dé la gana por medio de tutoriales, y sobre todo crear contenido que mejore la condición humana, pero no es posible que sigamos permitiendo que existan y se mantengan aquellos creadores de contenido que atenta contra la dignidad humana.

Posiblemente una legislación en la que se apremie el contenido educativo y no sólo la bazofia valdría la pena, considerando los pocos sitios y las escasas visitas con contenido de valor para la formación social, también se deberían considerar campañas de publicidad que como al puro estilo de los políticos se presenten para promover el desarrollo intelectual de los usuarios de la gran telaraña mundial WWW.

Es preocupante que quienes son novatos en el uso de las redes sociales, lo primero que vayan a encontrar es el contenido de los que teniendo dinero pagan para promocionarse, o los que por el número de seguidores son promovidos por los propios canales de comunicación, haciendo que en los motores de búsqueda siguen escribiéndose los algoritmos de quien sea, haga o no buen contenido.

La libertad en las redes sociales, ha sido rebasada, porque es ahí en donde el ser humano de pocos principios es aplaudido, mientras que una persona puede ser enjuiciada bajo argumentos falsos, por lo que es urgente que se consideren mecanismos que con el debido cuidado y orden legal impida el escrutinio público o el ser señalados por falsedades o condiciones que se deben juzgar en los tribunales.

Hasta hace poco se supo de la negociación que mantenían algunas plataformas con la información que debiera ser personal y de cuidado y reserva. Que el acceso a nuestra información de oficinas públicas, privadas o la que introducimos a las páginas o sitios web, para poder ser entregada a otro ente, debería ser permisible por cada sujeto, sin embargo claramente al saber lo que nos gusta ver, lo que preferimos consumir e incluso a la hora que hacemos uso de las páginas de internet, somos atacados por promociones o publicidad de los productos o cosas que se supone sólo sabíamos nosotros que nos agradan.

Los interese por seguir como estamos vienen de las empresas, de los privados, pero también de la política mexicana, que ha encontrado en los medios electrónicos formas de llegar a la gente y cometer lo que les venga en gana como ilícitos o lícitos, como actos honrosos o ilegales, pero sobre todo contribuyendo a la desinformación y falta de ética en el manejo de las plataformas.

Las consecuencias de seguir consumiendo lo que nos llega, sin que exista autoridad que regule los contenidos los estamos viviendo en el número tan elevado de suicidios o muertes, en las acciones violentas que sólo pueden producto de la lucha de uno contra otro como se ven los juegos de acciones o las maquinitas que prácticamente encontramos en cada esquina.

Esas leyes que se supone impiden instalar todo aquello que ocasiona peligros de cualquier tipo alrededor de las escuelas o centros religiosos, son violadas constantemente hoy desde gasolineras hasta bares ponen en peligro la niñez, así como el acceso a páginas que no sólo no abonan al desarrollo del sujeto, sino que además los sume en una deshumanización constante y sonante.